Es el año 1995, amanece en un barrio pobre de la parroquia El Valle, de la ciudad de Caracas. El sol ilumina las casitas humildes (hechas con ladrillos rojos y techos de zinc). En lo más alto del cerro hay una escuela. En la cocina de la casa de la niña Esperanza (10 años), está la abuela (60 años aprox.) cocinando y preparando el desayuno. La abuela va colocando las arepas que ha amasado con sus propias manos sobre el budare, donde se van asando y cocinando las arepas. También hay varias ollas sobre el fuego de las hornillas de la cocina de gas. Las ollas contienen agua hirviendo donde se cocinan unas ZANAHORIAS, papas y HUEVOS. Hay una olla pequeñita que solo contiene agua en ebullición, que nos muestra sus burbujas y el vapor que desprende, al lado vemos un colador de café tradicional de tela, que contiene granos de café molido. Sentada en un rincón no muy lejano de la pequeña mesa de la cocina, hay una mujer joven (32 años aprox.) que luce muy enferma y deteriorada físicamente, la mujer está recostada a la pared sentada en una silla, tiene la cabeza inclinada hacia atrás y la nuca pegada a la pared. El rostro de esta mujer (la mamá de la niña Esperanza), tiene una mascarilla de plástico que está conectada a un aparato (nebulizador), por la cual la mamá de la Esperanza respira con dificultad. Parece que a esta mujer el dolor le ha “ablandado” y debilitado mucho. Por el contrario, su madre (la abuela de la Esperanza), luce muy fuerte y dura. Existe un tipo de personas a quienes el dolor y la adversidad no les ablanda como pasa con las zanahorias que siendo duras crudas, se ablandan al ser cocidas en agua hirviendo, a estas personas tampoco el dolor les endurece como pasa con el huevo que de ser líquido por dentro pasa a estado sólido al ser hervido, estas personas son llamadas por la psicología social como resilientes, que viene de la palabra RESILIENCIA, que significa la transformación positiva de la adversidad. La niña Esperanza, nació con esta capacidad que tenemos las personas de transformar el dolor y la adversidad, en algo bueno y creativo. Ella vino a este mundo a contagiarlo todo con su magia y belleza interior. Siempre con una buena cara y sonrisa en los labios, feliz, contenta y agradecida con el espectáculo que contempla (el milagro de vivir). Tal parece que la Esperanza, es como el grano de café, que ante la adversidad que supone el agua hirviendo, es capaz de ofrecer su mejor aroma y sabor. La abuela cuela el café a la manera tradicional venezolana. Luego de desayunar con su abuela y su mamá en la pequeña mesa de madera de la cocina, Esperanza se marcha para la escuela que queda en el mismo barrio. La habitación de la Esperanza, es un rincón muy especial del mundo, donde todo puede pasar con un poco de imaginación. En las paredes de la habitación hay varios dibujos y pinturas infantiles de la Esperanza, donde se había dibujado y retratado a sí misma junto a su mamá y su abuela. La pequeña y humilde cama de la niña Esperanza está muy creativa y bellamente decorada con muñecas de trapo (entre ellas una “pionerita cubana” negra de trapo) y tiernos peluches de perritos y gatitos. Sobre la mesita de noche hay una linda muñeca rusa y al lado de ésta un portarretratos con una fotografía donde aparece el padre y la madre de la Esperanza junto a ella cuando ésta era tan solo una pequeña de cuatro (4) años de edad (1989). Muy lejos del barrio de la Esperanza, al otro lado del mundo, en la otra orilla del Océano Atlántico, al noreste de la Península Ibérica, en un pueblo en medio de las montañas catalanas, está Pau (17 años de edad, es el año 2005, han pasado 10 años) con sus cerdos de la granja familiar. El tímido y muy introvertido chico de pueblo catalán, da de comer a los animales de la granja con mucha ternura y dedicación. Mientras Pau observa como los cerdos van comiendo muy gustosamente sus alimentos, les canta una canción. Pau, le presta una especial atención a una cerdita pequeñita llamada Núria. La cerdita Núria se le hace caca encima de los pantalones de Pau, cuando en un acto de extrema ternura, Pau levanta al animal como si se tratara de un bebé. Pau entra sin pantalones (los cuales sostiene y lleva en una de sus manos con cuidado, por temor a llenarse de mierda de cerdo) a la casa de su tío abuelo Josep (88 años aprox.). Al tiet avi Pep, le da mucha gracia ver a su sobrino nieto en tales fachas y con esa peste encima, y le hace un chiste y se burla de él. Hecho que hace que Pau se avergüence aún más. El tío abuelo Pep, le busca en su armario unos pantalones para prestárselos a su sobrino nieto Pau. Le entrega los pantalones a Pau, y luego cuando se los ve puestos, le dice que pertenecieron a su hermano Joaquim, es decir, a su abuelo “Quim, el anarquista del pueblo”. Del que todos en el pueblo rumoraban que no estaba muerto ni enterrado en el cementerio del pueblo, sino que aún seguía con vida, sólo que muy lejos de allí, en un país muy lejano y extraño del Caribe, llamado Venezuela, donde había ido a dar en busca de uno de sus amores, una bella mulata venezolana. Se había embarcado al extraño país, una nublada mañana desde el Puerto de la ciudad de Barcelona, hasta el Puerto de La Guaira en Venezuela, luego de años de lucha clandestina después de que se perdiera la República Catalana. La Montse (55 años aprox.), su hija y madre del Pau, al parecer había heredado el mismo “carácter apasionado” del padre, y también su gusto exótico en cuanto a las preferencias amorosas. En los últimos años, la Montse se había hecho novia de un médico cubano que conoció en un viaje de vacaciones a La Habana, que se había prolongado por dos (2) años hasta la fecha, ya que Pau, no había vuelto a verle la cara a su madre desde ese viaje de verano prologado que hizo su madre Montserrat, a la isla caribeña. La Montse ahora mismo se encontraba en Caracas (Venezuela), acompañando a su novio (pareja sentimental) Rubén, a quien el gobierno de su país, había mandado a Venezuela, en una comisión de médicos cubanos para trabajar en los barrios más pobres de la ciudad de Caracas. Pau, en los últimos dos (2) años, había desarrollado con la ayuda de los profesores de su instituto y de profesores de la universidad comarcal, un ingenioso y novedoso proyecto de agricultura ecológica, del que siempre le hablaba con mucha pasión a su madre, las veces que conversaban por teléfono. Un día que estaba Pau en una de sus clases del instituto, mientras salía del aula, fue acosado por sus compañeros. Pau, después de pedir varias veces permiso para pasar y ante las risas, las burlas y cuando escucha que uno de sus compañeros de clase se mofa de él imitando el sonido que hacen los cerdos, de pronto se abalanza sobre aquel, con una inmensa furia contenida, tumbándose los dos al suelo, dando vueltas y revolcándose en el piso del pasillo del instituto, dándose golpes. Pau llega a su casa visiblemente golpeado y con pequeñas heridas en el rostro. Mientras Pau llora, se sigue escuchando la canción de Joan Masdéu (“Puc ser jo”), también comienza a repicar el teléfono de la casa de Pau, que está ubicado en el recibidor de la casa. El teléfono está colocado sobre una mesita de cristal que tiene encima unos portarretratos que contienen fotografías familiares, en una de ellas, aparece Pau, de unos cinco (5) años de edad, en la playa junto a sus padres. El teléfono sigue repicando hasta que la mano de Pau, todavía llena de sangre, toma el auricular y lo contesta. Es su madre la Montse que le llama desde Caracas para saludarle. Pau hace un gran esfuerzo para no llorar y le dice a su madre que todo marcha muy bien y que en días pasados, le fue otorgado un reconocimiento por su proyecto sobre la agricultura ecológica y le dice que su tío abuelo Pep, estaba ese día muy orgulloso de él y que incluso el tiet avi Pep, se atrevió a dar un mini discurso, donde hasta nombró a su abuelo, Quim. Esta noticia alegró mucho a la Montse, quien invitó a Pau otra vez a venir a Venezuela para pasar unas vacaciones de verano y trabajar en este país, con su proyecto de agricultura ecológica. Pau se niega, y se hace el desinteresado, y le dice a su madre que él se siente muy feliz trabajando en la granja familiar, y que su tío abuelo Pep con la edad que ya tiene no puede trabajar. Pasan unas semanas y Pau tiene el rostro ya visiblemente recuperado de las heridas producto de la golpiza que le propinó el compañero de clases, pero esta golpiza sirvió para que sus compañeros de clases no se metieran más con él y lo dejaran en paz. La joven venezolana Esperanza, llama por teléfono a la casa de Pau, para avisarle que su madre Montserrat, se encuentra hospitalizada porque ha sufrido un ataque cardíaco, razón por la cual tiene que venir a Venezuela para estar al lado de su madre. Pau viaja a Venezuela, durante el vuelo recuerda su feliz infancia en compañía de sus padres, la Montse y el Joan. En el aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, le está esperando Rubén (40 años aprox., afrodescendiente, alto, guapo y fornido), el nuevo marido cubano de su madre Montserrat (mujer rubia, delgada, guapa y sexy de mediana edad). Rubén se baja del auto al ver que está Pau ya frente al coche. Rubén, mete la maleta de Pau dentro del maletero del auto. Luego se mete dentro del auto, ya Pau ha ocupado el puesto de copiloto, no se hablan, Pau mira hacia el otro lado donde está la ventana del coche. Varias horas después, en el barrio, la Esperanza (20 años aprox.) sube bella, radiante y feliz, por la cuesta que le lleva a su casa, por unas escaleras de cemento bastante inclinadas. La Esperanza abre la puerta de su casa, y está Rubén sentado tomándose un rico y caliente cafecito en la mesita de madera de la cocina de la casa de la Esperanza, en eso entra la Esperanza y observa la maleta de Pau que está a un lado de la puerta de madera de su habitación. Rubén le informa a la Esperanza que ya llegó el hijo de la Montse, que se encuentra ahorita en su habitación con ella, que no se ve mal chico, pero que el pobre, le parece un poco “raro (extraño)”. La Montse abraza a su hijo Pau, ambos están llorando, en eso entra la Esperanza a la habitación y se siente apenada por interrumpirlos, así que se disculpa, la Montse le dice que no hay problema. Pau se seca las lágrimas de los ojos, y se queda como un bobo mirando a la Esperanza sin saber qué hacer, la madre le presenta la Esperanza al Pau, y éste en vez de acercarse a saludarla, se echa más bien para atrás tumbando con su cuerpo unos objetos que la Esperanza tiene sobre su mesita de noche. Pau se agacha a recogerlos junto a la Esperanza y le dice que ahora él se encuentra en deuda con ella por haber cuidado tan bien de su madre, que ahora gracias a Dios, ya se encuentra fuera de peligro y totalmente establecida. La Esperanza le dice que no le debe nada, que ella lo hizo de mil amores porque la Montse es su amiga y es además una persona muy especial. La Esperanza aprovecha para invitar al Pau, a la presentación de su obra de teatro infantil donde hará una actuación junto a sus compañeros del grupo de teatro. Durante la función teatral infantil que la Esperanza realiza junto a su grupo de teatro en la escuela de su barrio, Pau queda extasiado y muy complacido con el talento, la gracia y la belleza de esta joven caraqueña que le tiene cautivado y que amenaza con conquistar su corazón. Días después en el barrio, Pau se encuentra con la Esperanza que está filmando con su “hydicam” a un gato que está en una ventana de la casa de su vecina. Pau viene a recoger unas cosas que su madre dejo olvidadas en la habitación de la Esperanza, durante su periodo de convalecencia. La Esperanza al ver al Pau, se acerca y aproxima a éste y comienza (cámara en mano) a filmarlo, mientras le va haciendo una serie de preguntas, como un cuestionario íntimo y personal. Pau no para de contestar a las preguntas que le hace la Esperanza, pero se empieza a sentir un poco incómodo, así que le dice a la Esperanza que ya pare de grabar y de hacerle preguntas, que ya está bueno ya con ese juego. La Esperanza le contesta que no se trata de un juego, que ese es un casting para su próximo cortometraje (“27 de Febrero”), el cual piensa rodar allí mismo con la gente de su barrio y sus amigos del grupo teatral. Así que le pide a Pau que interprete el personaje protagonista de su cortometraje, ya que a ella le parece perfecto para este papel. Pau intenta de nuevo escabullirse de la Esperanza y se le niega alegando que él no es actor, que no ha estudiado ni se ha formado para ello, y que no tiene idea de lo que es un rodaje, ni de cómo hacer un cortometraje o película. Ella le recuerda que él tiene una deuda pendiente con ella. Es el primer día del rodaje de la película comunitaria, y Pau está tirado sobre la tierra de uno de los caminos del barrio, viste uniforme de estudiante de bachillerato (chemise beige, pantalón azul oscuro y zapatos negros), tiene los ojos cerrados y una herida de bala muy mal pintada justo en todo el medio de la frente, de donde brota una sangre que tiene un color muy diferente a la sangre real. La directora del film grita: “-Corten-“y murmura: “-Perfecto-“. Pau abre los ojos se reincorpora y se levanta del suelo, se ríe con la Esperanza que se muestra muy feliz y orgullosa, todos los demás técnicos de la película y la gente de la comunidad que han contemplado la escena aplauden. Es la noche después del primer día del rodaje de la película comunitaria, y Pau tiene una pesadilla. El sueño comienza cuando Pau con apenas diez (10) años de edad, está construyendo junto a otros niños y niñas, un gran castillo de arena, su madre Montserrat y su padre Joan, le miran muy felices mientras se besan y dan muestras de afecto y cariño, tumbados al sol sobre la arena de la playa, luego la Montse se levanta y se marcha y aleja hacia un kiosco o chiringuito que está cerca de allí. Su padre Joan queda solo mirándolo con la misma alegría y emoción que hacía un rato. De pronto una gran bota militar (de la época del dictador Franco) surgida de la nada, aplasta y destruye el castillo que Pau y sus amiguitos construyeron, el niño Pau sale corriendo hacia su padre pero se da cuenta que éste ha desaparecido al igual que ha desaparecido toda la playa y de repente se encuentra solo en medio de un desierto, Pau trata de despertarse de la pesadilla pero no puede, sigue soñando y sudando y respirando fuerte, abre los ojos y es el Pau de la actualidad (adolescente de 17 años) que se encuentra tirado sobre la tierra justo en medio de la Plaza Mayor de su pueblo, se levanta y se pone de pie, y se da cuenta que a su lado está su padre Joan vestido de miliciano, que a su vez está junto a su abuelo (el papá de la Montse) el Quim, “el anarquista del pueblo”, quien también viste de miliciano y a quien una bala de fusil le impacta sobre el pecho y cae abatido sobre la tierra de la plaza, luego al papá de Pau, el Joan, le sucede exactamente lo mismo, hasta que le toca a Pau, y justo antes de que las balas impacten sobre su cuerpo, Pau se despierta sobresaltado y se pone a llorar como un niño. Pau le hace una visita a su madre en el CDI (Centro de Diagnóstico Integral) de la parroquia El Valle, pero su madre está muy ocupada porque tiene mucho trabajo ya que tiene que atender a muchos pacientes, que acuden desde muy temprano en la mañana (casi de madrugada) a este centro médico y no puede atender en ese momento a su hijo. Pau se sienta a esperar a su madre en una cancha deportiva que está al lado del CDI, y recuerda el día del entierro de su padre cuando él era un niño de 10 años. Los días después del funeral de su padre Joan, la Montse se la pasaba todo el día acostada en la cama matrimonial sedada por completo por el tratamiento médico que tomaba para tratarse la depresión severa por la que estaba pasando. Mientras el niño Pau se las apañaba como podía para cumplir con las tareas domésticas de la casa (limpieza de la casa, de la cocina, barrer, lavar los platos, botar la basura, etc.) Pau recuerda en especial una noche en la que su madre no podía conciliar el sueño y daba y pegaba unos gritos espantosos, hasta que por fin, luego de tomar dos pastillas de las que le hacían dormir, pudo por fin quedarse dormida. Esa noche Pau acabo de barrer y lavar los platos muy tarde en la noche, ya casi entrando la madrugada y luego se dispuso para hacer sus tareas y deberes del colegio pero se quedó dormido sobre la mesa o escritorio de su habitación donde hacía sus tareas, luego a la mañana siguiente, cuando un rayo de sol ya daba en el rostro del niño Pau, éste se despertó muy sobresaltado y de prisa se levantó y sin ni siquiera lavarse la cara, salió corriendo para la escuela. Al llegar a la entrada del salón de clases y abrir la puerta, todos sus compañeros le miraban de arriba abajo y murmuraban cosas entre ellos. La profesora al percatarse de que se trataba de Pau (el niño que había quedado huérfano de padre hace poco y cuya madre al enviudar se encontraba tan mal) lo recibió muy afectuosamente, y al contemplar la actitud de rechazo de los otros niños y niñas de la clase, le dijo al Pau que si quería y se sentía más cómodo, se sentara en un lugar próximo a su escritorio. Pau regresa a su presente y se da cuenta que su madre ya se ha desocupado y que se encuentra conversando con la joven Esperanza. Pau saluda a la Esperanza, ésta le dice que pronto lo llamará de nuevo para terminar de filmar las últimas escenas del cortometraje “27 de Febrero”, Pau queda de acuerdo con Esperanza y los tres (Montse, Esperanza y Pau almuerzan juntos ese día en el café-restaurant del CDI. Hablan durante el almuerzo sobre la comida típica venezolana y la comida típica catalana, ambos jóvenes lucen muy enamorados e interesados el uno por el otro, su madre la Montse se da cuenta y también se muestra muy feliz al ver a su hijo tan enamorado de la Esperanza. Antes de terminar de almorzar, Esperanza los invita a su fiesta de cumpleaños que será en su barrio, el próximo fin de semana. En la fiesta en el barrio, por el cumpleaños de la Esperanza y para celebrar el fin del rodaje de la película comunitaria, la Montse que está un poquitín pasada de tragos, baila con su pareja Ramón, de una forma muy romántica y erótica. Pau se molesta con su madre y el Rubén, y comienza a beber cerveza de una manera descontrolada. Rodrigo, el compañero de teatro y asistente de dirección del cortometraje “27 de Febrero”, saca a bailar a la Esperanza. Rodrigo y la Esperanza bailan al ritmo de la salsa de una manera espectacular, lo que despierta la envidia y los celos del Pau, que a estas alturas de la fiesta ya está medio borracho. La Esperanza saca a bailar al Pau, este siente mucho miedo y vergüenza y se niega rotundamente a la invitación de la Esperanza, y le dice que él no sabe bailar, que si mejor no quiere otra cosa, que ella sabe muy bien cuál es esa cosa a la que él se refiere, “esa cosa” que quieren todas las mujeres… Pau ofende y maltrata verbalmente a la Esperanza, ésta le da una fuerte cachetada al Pau, que se queda frío y petrificado como un hielo. La Esperanza se retira del salón de baile donde se está celebrando su fiesta de cumpleaños. La Montse se acerca a su hijo junto al Rubén, para ver si se encuentra bien, y el Pau al ver que la pareja se acerca, en un ataque de furia y de rabia contenida, tira y voltea contra el piso, una pequeña mesa que tiene encima una veintena de botellas de cervezas vacías que estallan y se hacen trizas al estrellarse contra el piso. Días después, Pau está triste acostado en la cama de su habitación recordando los buenos y bellos momentos junto a su amada Esperanza, suena la canción “Puc ser jo” de Joan Masdéu. La Montse le propone al Pau, hacer un viaje corto a Puerto Cabello para celebrar la “Nit de Sant Joan” (24 de junio) en la playa, que ella misma preparará una paella, para invitar a cenar a la Esperanza y pedirle disculpas por lo sucedido en la noche de su cumpleaños. La velada de la Nit de Sant Joan y de los Tambores de San Juan de Puerto Cabello se da mejor de como la Montse lo había planeado. Pau se anima a encender unos petardos y fuegos artificiales en el hermoso atardecer en la playa de Puerto Cabello. Pau le pide disculpas a la Esperanza por su comportamiento maleducado la noche de su cumpleaños, la Esperanza también le pide disculpas al Pau por la bofetada, y le dice que lo que pasa es que los dos han pasado por cosas muy duras en la vida, que ya su madre le contó lo del accidente de coche donde murió su padre, Pau le contesta que a su padre se lo mataron de una manera absurda e injusta, a lo que la Esperanza le contesta que a su padre también, un 27 de Febrero de 1989, de una herida mortal en la cabeza con un arma de fuego, que ese día las tanquetas del Ejército Nacional estaban en la Avenida Intercomunal de su parroquia, apuntando hacia las casas de la gente de su barrio y comunidad, que murieron mucha gente asesinada por el Ejército, que aún hoy no se sabe la cifra exacta… Pau la interrumpe con un apasionado y romántico beso de amor. Meses después viajan a Catalunya y la Esperanza conoce el pueblo donde nació Pau, conoce a su tío abuelo Pep, a los cerdos de la granja familiar y conocen también las tradiciones y fiestas populares de la cultura y del pueblo catalán. Pau también lleva a la Esperanza al cementerio del pueblo donde están enterrados su padre Joan y su abuelo Jaquim, pero le informa que el ataúd de la tumba de su abuelo no contiene los restos mortales su abuelo porque nunca se pudo encontrar el cuerpo sin vida de su abuelo, porque aún no se sabe el lugar exacto donde fue enterrado, por lo cual nunca se encontró el cadáver. La Esperanza entonces le cuenta al Pau sobre La Peste, del Cementerio General Sur, de Caracas, donde están enterradas muchas de las víctimas mortales del 27 de Febrero de 1989, también conocido como El Caracazo.
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