Gracias doy por estas manos que acariciaron tu pelo, mientras yo era feliz sentada sobre tu regazo. Gracias a ellas que siendo yo niña pudieron percibir tu barba rugosa sin afeitar, cuando me cargabas sobre tus piernas, y hoy esas mismas piernas ya casi vencidas por los años, se apoyan para caminar en mis frágiles pero fuertes brazos. Estos mismos brazos tan delgados que sin embargo me sirvieron para sentir junto a mi pecho el corazón de mis amadas niñas y amados niños, que hoy ya me han crecido y se han hecho unas mujeres y hombres de los cuales me siento muy orgullosa, como se siente su abuelo Julio y debe sentirse su abuela Pilar, desde el cielo.
Sí, muy orgullosa y agradecida me siento con mis manos porque ellas han cuidado, alimentado, han guiado, han protegido, han dado consuelo, afecto, cariño, recreación, diversión, compañía, han estado allí, han jugado y sentido, también han sufrido la rabia y la impotencia, pero son unas manos agradecidas, por todo lo que les ha dado la vida, y por todo aquello que aún les queda por dar y recibir. Porque estas manos nunca se cansarán de dar y recibir amor, y es por eso que,
Gracias doy por mis manos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario