jueves, 18 de agosto de 2011

Fragmentos de la Esperanza


La Esperanza no era una chica que pudiéramos denominar con el adjetivo de "sexy", pero era una chica linda y simpática sobre todo cuando se reía y llevaba su cabellera negra suelta y recién lavada. Tampoco usaba maquillaje, apenas un poco de brillo en sus labios gruesos y carnosos, cuando salía de rumba con sus amigas "Las bolivarianas", autobautizadas así, porque cada una era de un país liberado por el Libertador, Simón Bolívar. La Esperanza (Bolivia), su amiga Leticia (Ecuador), la Karen (Perú), "La Venezolana" y "La Colombiana". La idea de autonombrarse así, había surgido de La Venezolana, que se decía "chavista", a pesar de no dar pruebas de ello.
Para las reuniones sólo entre féminas con sus amigas Las bolivarianas, que se celebraban en el bar colombiano "Sóc Llatinoamericà", cada dos o tres meses aproximadamente (dos encuentros por cada estación del año), la Esperanza, aprovechaba la ocasión para lucir su prenda de vestir favorita. Nos referimos a sus jeans o "pantalons texans" ajustados de color negro, que realzaban y estilizaban su tipo y figura, más bien normal.
En esos momentos en que la Esperanza compartía con sus amigas el centro de la pista de baile del "Sóc Llatinoamericà", y mientras bailaban todas juntas y hacían parejas entre ellas al ritmo de una salsa interpretada por el gran sonero mayor Ismael Rivera o cualquier merengue de Juan Luis Guerra, la Esperanza crecía, se transformaba. Esa chica tímida y apocada, casi invisible e insignificante para los demás, que se pasaba todo el día trabajando en casa de los catalanes (ya sea limpiándole las tazas de wáter de sus baños o dándole de comer a sus hijos), en esos fines de semana de fiesta y rumba latinoamericana, dejaba de existir por unos días o por unas horas, para darle paso a la otra Esperanza, a la Esperanza viva y visceral que sentía el pulso de su sangre, cada latido de su corazón y cada inhalación y exhalación de su respiración. La Esperanza se transformaba entonces, en sentimiento y pasión pura, era como si el alma de sus ancestros la poseyeran en esos instantes, y cobrara vida la reina india que llevaba por dentro, con toda su fuerza y majestuosidad. La Esperanza sentía en aquel momento todo el poder y la energía de la india luchadora, la india guerrera, era toda una "amazona", como las indias aymaras o taínas, como Anacaona. Es más, la Esperanza era la mismísima diosa María Lionza, en cuerpo y alma presentes. Su torso y sus pezones se erguían y lucían tan erectos y desafiantes como los de la famosa escultura de la diosa india que está en Caracas. Lástima, que justo en aquel momento no entrara al "Sóc Llatinoamericà", ningún "Hércules" o "Gran Cacique Guaicaipuro".

No hay comentarios:

Publicar un comentario