La venezolana como buena amante del café, se conocía todos los bares y cafeterías de la comarca y sus alrededores. A veces, también iba junto a la Leticia y la Esperanza, a tomarse su "
cafecito". Y es que la venezolana era todo un personaje, era como ver un culebrón venezolano en vivo y en directo: -"
Las señoras catalanas me miran mal"-. -"
Los curas no me saludan en l'estiu"-. Así se quejaba con sus amigas esta caraqueña convertida en mestressa de casa.
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