sábado, 6 de julio de 2013

Una latinoamericana como Dios manda!



Un latinoamericano puede ser de todo menos no creyente. Para que un latinoamericano logre ser ateo, se necesita no de una, sino de miles de velas, para que se pueda llevar a cabo el milagro. Un latinoamericano ateo, eso sí que constituye un verdadero acto de fe. Está en nuestra naturaleza creer, pero a veces la naturaleza también se puede equivocar.
Mi familia era muy católica, sobre todo mi madre, que usaba velo, rezaba el rosario todos los días, me llevaba a la Iglesia para participar de la misa todos los domingos, y también siempre le prendía su vela y le rezaba a un Corazón de Jesús (reliquia familiar) que teníamos en la casa. Sin embargo, a los 15 años de edad, nadie me podía sacar de la cabeza que Dios no existía como tal, sino que claro, era una idea abstracta (por cierto muy buena) creada por los seres humanos, es decir, que nosotros decidíamos si queríamos que existiera o no (esta idea al día de hoy ha cambiado). Como no tenía un tío ateo, agnóstico o comunista que me apoyara en esta idea y creencia de Dios, desde ese momento de mi vida, me quedé un tanto aislada del núcleo familiar. Más todavía cuando a los 20 años, mi idea egocéntrica y narcisista sobre la no existencia de Dios, cobró estatus intelectual y académico, con mis estudios universitarios sobre la "historia del arte", con los cuales logré comprobar teóricamente que cada grupo de seres humanos, cada pueblo o cultura, tenía su propia idea de Dios, a veces una muy distinta de la otra, es decir, que la religión era un asunto cultural.

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