miércoles, 26 de octubre de 2011
El día que la Esperanza conoció al Pau
La Esperanza estuvo recordando el día en que por primera vez, había visto al Pau. Ese día, era el Domingo de Ramos de 2007, y se estaba celebrando una Trovada Castellera en la Plaça Major. La Esperanza tomó muchas fotografías de las torres humanas llamadas “Castellers (Castillos)” y del “Ball de Gegants i Capgrossos (Baile de Gigantes y Cabezones)”. Del Ball de Gegants, tenía una fotografía muy chévere en la que aparecía muy feliz y sonriente, abrazada al “Nen Capgros”. A la Esperanza, le encantaba esta fotografía porque este abrazo era como un símbolo de amor y de fraternidad entre ella y el país que la estaba recibiendo, además, también le traía recuerdos de los Carnavales de Oruro, porque las grandes cabezas de los Capgrossos, le recordaban las máscaras de Los Diablos. Por estos motivos era una de sus preferidas, y fue una de las seleccionadas para ser enviada junto a los regalos para sus familiares a Bolivia, en la Navidad de aquel año. Está por demás decir, que las otras fotografías preferidas para la Esperanza, de ese domingo 01 de abril de 2007, eran donde aparecía el Pau, junto a sus sobrinos, disfrutando de la Trovada Castellera, ese inolvidable “Migdia” dominguero catalán.
miércoles, 12 de octubre de 2011
1994
Como aquellos días de 1994, cuando me iba sola en autobús, a contemplar el mar Caribe del puerto de La Guaira. En esos días, Sumo y resto del Último de la Fila era mi hojilla corta venas, hasta que un día no pude más y le arranqué toda la cinta magnetofónica al cassette.
1994, fue un año existencialista como muchos lo han sido en mi vida. Masturbaba tanto mi alma con la música del Quimi y del Manolo, que no resulta tan inverosímil que once años después, esta caraqueña terminara viviendo en la capital osonenca, “menjant mongetes amb botifarra”.
1994, fue un año existencialista como muchos lo han sido en mi vida. Masturbaba tanto mi alma con la música del Quimi y del Manolo, que no resulta tan inverosímil que once años después, esta caraqueña terminara viviendo en la capital osonenca, “menjant mongetes amb botifarra”.
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