miércoles, 6 de febrero de 2019

La furia de la diosa Ixchel


 


Cristóbal, se ha dado cuenta que la mujer de su vida no es perfecta, ni es ya la mujer que él soñó. Cristóbal, piensa que su esposa Gabriela, le engaña con un amante.
El matrimonio Pérez-Díaz, se encuentran sentados en la mesa, cenando en el comedor de su casa, hay un silencio muy incómodo. Cristóbal mira a su esposa Gabriela con una mirada muy fuerte y llena de rabia, como si quisiera matarla. Gabriela, por su parte, se muestra muy nerviosa, intranquila e incómoda por la actitud de su marido. Gabriela trata de evadir y desviar el tema de conversación y le dice a su marido en tono muy dulce y conciliador: 

 -La diosa maya Ixchel, que representa y simboliza a la luna, también es la diosa protectora de la maternidad y los partos, como la diosa orisha Yemayá, que al igual que la otrora diosa madre sumeria Mammu, son diosas simbolizadas y representadas por el mar y la tierra, y son las madres y creadoras del mundo y del universo. Ellas existían desde el principio. Son las protectoras de la maternidad, y protegen y gobiernan no sólo la vida del útero físico, sino también la vida y la energía del útero etéreo, del útero celestial, creador de todo lo que da sentido y existencia a las cosas-. 

Pero la pareja de esposos terminan inevitablemente discutiendo de una forma muy acalorada, se insultan y Cristóbal acusa a su esposa Gabriela de infidelidad, y le dice que le va a realizar la prueba de ADN al hijo que lleva en su vientre para comprobar que en verdad sea hijo de él. Gabriela no puede creer lo que está escuchando, y la actitud que mantiene su marido Cristóbal, pero al darse cuenta de que éste va en serio, lo mira como si lo va a matar, se levanta bruscamente de la mesa, y antes de marcharse del comedor, le grita fuertemente a su marido, que antes muerta que dejar que alguien le ponga una mano encima a su hijo. Gabriela llora desconsoladamente detrás de la puerta de la habitación matrimonial, y luego impulsivamente abre las puertas del armario de par en par y agarra unas maletas que están en la parte superior del armario. Cristóbal en la cocina enciende la radio y comienza a lavar los platos, se escucha la canción de Franco De Vita “El buen perdedor”:

 -Se que piensas marcharte ya lo sé, y no te detendré, haz lo que tú quieras-. 

Gabriela mientras tanto en la habitación, va haciendo las maletas con mucha rabia y de una forma impulsiva y desordenada. 
-No tienes porque disimular esas lágrimas están de más, si tienes que irte vete ya-, continua cantando el cantautor venezolano. Gabriela ahora llora de forma histérica, incontrolable y desconsolada. Cristóbal se prepara un trago de whisky. Franco De Vita:

 -Y si él supo darte más amor, supo llenarte más que yo, claro que sé perder! Claro que sé perder!-.  

El Dr. Cristóbal Pérez Figueres, entra a su estudio personal con el vaso lleno de whisky en la mano, y luego se sienta en la silla de su escritorio, al lado de la computadora, de la pila de libros de medicina obstétrica y, al frente de las fotografías, los premios y reconocimientos que ha recibido por su brillante trabajo como médico obstetra docente e investigador, que están colgadas en la pared. El Dr. Pérez Figueres enciende el equipo de sonido y suena la canción de la agrupación musical mexicana Maná: “Mariposa Traicionera”.
Han pasado ya varias horas de la fuerte discusión que tuvo Cristóbal con su esposa Gabriela, de repente éste entra en una especie de trance donde su conciencia despierta en un lugar muy extraño y desconocido. Este lugar se parece al desierto pero se siente profundamente el olor del mar. El Dr. Cristóbal Pérez Figueres, llora como un niño desconsolado acostado boca arriba en el césped a los pies de un frondoso árbol. Allí, se encuentra también su esposa Gabriela, embarazada de ocho meses y convertida en la gran diosa madre Ixchel, parada con un pie encima de él y apuntándole con ambas manos, le arroja un hechizo por enfadar al gran útero sagrado, porque se niega a ser padre, se niega a cumplir con su destino, así que tiene que recibir su merecido castigo para poder aprender la lección más importante de su vida. El rayo de la diosa Ixchel, impacta sobre todo el cuerpo de Cristóbal y este comienza a rejuvenecer y a convertirse en un adolescente, mientras éste le ruega y le suplica a la diosa que no lo castigue, que él le promete que será el mejor padre del mundo, que le ayudará a cuidar y criar a su bebé: 

 -Cambiaré todos los días sus pañales, le prepararé el tetero, le daré de comer su puré de verduras y de frutas, también sus compotas, lo cargaré entre mis brazos y mi pecho cada vez que llore en las noches y madrugadas, también te ayudaré a bañarlo, a curarle su ombliguito, a sacarle los gases cada vez que Gabriela, le des el pecho… Lo arrullaré y le cantaré canciones para calmarlo de cualquier malestar que sienta… pero no me dejes Gabriela… Quiero estar para siempre a tu lado porque tú eres la mujer de mi vida. No me hagas esto Gabriela, no te das cuenta que te necesito…-.  

Siguió Cristóbal con su súplica, ya convertido en adolescente.