Muy
lejos del barrio de la Esperanza, al otro lado del mundo, en la otra
orilla del Océano Atlántico, en un pueblo en medio de las montañas
catalanas, está Pau (17 años de edad, es el año 2005, han pasado
10 años) con sus cerdos de la granja familiar. El tímido y muy
introvertido chico de pueblo catalán, da de comer a los animales de
la granja con mucha ternura y dedicación. Mientras Pau ve como los
cerdos van comiendo muy gustosamente sus alimentos, les canta una
canción. Pau, le presta una especial atención a una cerdita
pequeñita llamada Núria. La cerdita Núria se hace caca encima
de los pantalones de Pau, cuando en un acto de extrema ternura, Pau
levanta al animal como si se tratara de un bebé. Pau entra sin
pantalones (los cuales sostiene y lleva en una de sus manos con
cuidado, por temor a llenarse de mierda de cerdo) a la casa de su tío
abuelo Josep (85 años aprox.). Al tiet avi Pep, le da mucha gracia
ver a su sobrino nieto en tales fachas y con esa peste encima, y le
hace un chiste y se burla de él. Hecho que hace que Pau se
avergüence aún más. El tío abuelo Pep, le busca en su armario
unos pantalones para prestárselos a su sobrino nieto Pau. Le entrega
los pantalones a Pau, y luego cuando se los ve puestos, le dice que
pertenecieron a su hermano Joaquim, es decir, a su abuelo “Quim, el
anarquista del pueblo”. Del que todos en el pueblo rumoraban que no
estaba muerto ni enterrado en el cementerio del pueblo, sino que aún
seguía con vida, sólo que muy lejos de allí, en un país muy
lejano y extraño del Caribe, llamado Venezuela, donde había ido a
dar en busca de uno de sus amores, una bella mulata venezolana. Se
había embarcado al extraño país, una nublada mañana desde el
Puerto de la ciudad de Barcelona, hasta el Puerto de La Guaira en
Venezuela, luego de años de lucha clandestina, después de que se
perdiera la República Catalana.
2
Pau llega visiblemente golpeado a su casa, con unas pequeñas heridas en el rostro. Su nariz no ha parado de sangrar, tiene las manos manchadas de sangre, también su camiseta con la que se ha limpiado la nariz. Algunas gotas de sangre han manchado el suelo del recibidor, la sala y el pasillo que conduce a su habitación, donde al llegar enciende la radio y se escucha la canción "Puc ser jo" de Joan Masdéu. Finalmente llega al baño donde se mira y contempla su rostro en el espejo y rompe a llorar. Mientras Pau llora, escucha que comienza a repicar el teléfono fijo que está ubicado en el recibidor de la casa. El teléfono está colocado sobre una mesita de cristal que tiene encima unos portarretratos que contienen fotografías familiares, en una de ellas, aparece Pau, de unos cinco (5) años de edad, en la playa junto a sus padres. El teléfono sigue repicando hasta que la mano de Pau, todavía llena de sangre, toma el auricular y lo contesta. Es su madre la Montse que le llama desde Caracas para saludarle. Pau hace un gran esfuerzo para no llorar y le dice a su madre que todo marcha muy bien y que en días pasados, le fue otorgado un reconocimiento por su proyecto sobre la agricultura ecológica y le dice que su tío abuelo Pep, estaba ese día muy orgulloso de él y que incluso el tiet avi Pep, se atrevió a dar un mini discurso, donde hasta nombró a su abuelo, Quim. Esta noticia alegró mucho a la Montse, y Pau se conmovió al escuchar por el auricular las efusivas carcajadas de su madre. Entonces Pau, de pronto recordó cuando él tenía diez años y acababa de morir su padre Joan. Los días después del funeral de su esposo Joan, la Montse, se la pasaba todo el día acostada en la cama matrimonial sedada por completo por el tratamiento médico que tomaba para tratarse la depresión severa por la que estaba pasando. Mientras el niño Pau se las apañaba como podía para cumplir con las tareas domésticas de la casa (limpieza de la casa, de la cocina, barrer, lavar los platos, sacar la basura, etc.) Pau recuerda en especial una noche en la que su madre no podía conciliar el sueño y daba y pegaba unos gritos espantosos, hasta que por fin, luego de tomar dos pastillas de las que le hacían dormir, pudo por fin quedarse dormida. Esa noche Pau acabo de barrer y lavar los platos muy tarde en la noche, ya casi entrando la madrugada y luego se dispuso para hacer sus deberes del colegio pero se quedó dormido sobre el escritorio de su habitación donde hacía sus deberes, luego a la mañana siguiente, cuando un rayo de sol ya daba en el rostro del niño Pau, éste se despertó muy sobresaltado y de prisa se levantó y sin ni siquiera lavarse la cara, salió corriendo para la escuela. Al llegar a la entrada del salón de clases y abrir la puerta, todos sus compañeros le miraban de arriba abajo y murmuraban cosas entre ellos. La profesora al percatarse de que se trataba de Pau (el niño que había quedado huérfano de padre hace poco) lo recibió muy afectuosamente, y al contemplar la actitud de rechazo de los otros niños y niñas de la clase, le dijo al Pau que si quería y se sentía más cómodo, se sentara en un lugar próximo a su escritorio.