Gracias a Dios, y al útero de la Montse Rius i D’Abadal, que el Pau había llegado a este mundo. El Pau se sentía muy orgulloso de su madre porque era Doctora en Filología Catalana por la Universitat Autònoma de Barcelona. La Montse era una reconocida activista de los derechos de les dones (de las mujeres). Además, era amante de las artes, el cine de autor, el teatro, la música y de viajar alrededor del mundo. Ese año 2007, la Montse estaba escribiendo un libro sobre las mujeres catalanas y la Iglesia Católica. Ya había finalizado el primer capítulo, que se titulaba “La dona en els mites del món antic i judeocristià. Mites. Món jueu, babilònic, egipci, grec”, y se encontraba redactando el segundo capítulo, sobre la persecución de la Santa Inquisición de la Iglesia Católica a las mujeres en Catalunya. La Montse también daba clases en el Máster d’Estudis de Dones, Génere i Ciutadania, un máster interuniversitario, impartido por las universidades más prestigiosas de Catalunya.
La Montse conocía de vista a la Esperanza porque ésta trabajaba limpiando en la casa de su hijo mayor, el Josep, y cuidaba de sus nietos, el Adrià y el Oriol. A la Montse, le perturbaba un poco la presencia de la Esperanza, porque esta le confirmaba que la liberación femenina y lucha por los derechos de las mujeres se iba al traste, que la libertad que habían ganado las mujeres al dejar las labores de casa para irse a trabajar y desarrollar su vida, descansaba sobre las espaldas, de otras mujeres que se habían visto obligadas a trabajar en las tareas y oficios del hogar, para poder sobrevivir. Es decir, que en el siglo XXI, no sólo estábamos viviendo la explotación del hombre por el hombre y del hombre sobre la mujer, sino que incluso, de la mujer sobre la mujer. La Esperanza pensaba que la Montse, era como esas señoras catalanas que miraban mal a La Venezolana, por eso nunca se atrevió con ésta, a ir más allá del “-Hola-“ y del “-Adéu-“. Con el hijo de la Montse, el Pau, a la Esperanza le ocurrió algo parecido.
El Pau (nombre masculino que en castellano es Pablo y significa paz en catalán), no podía llamarse de otra forma porque era un ser amante de la justicia social, defensor a ultranza de la libertad y del respeto por los seres humanos y los seres vivos. El Pau, es un joven estudiante de sociología, de veinte años de edad, muy comprometido con sus ideas políticas, por eso forma parte de la juventud del partido de izquierda e independentista de su comarca. El Pau, como ecologista, defensor de los animales y de los derechos humanos, pertenece a varias asociaciones civiles que luchan por estas causas. El Pau, en una ocasión había estado en la tierra de su presidente y líder político más admirado: Evo Morales. Para el Pau, ningún otro encarnaba el sueño independentista y liberador de Latinoamérica y del mundo, como Evo Morales. Evo, significaba el retorno a la Pachamama, a la restauración del dominio de la Madre Tierra, del equilibrio natural del ser humano como ser vivo unido a la madre naturaleza. Donde todos éramos uno, y uno, éramos todos, donde cada ser humano se sentía libre y comprometido a la vez. Evo, era sabiduría pura y ancestral, en palabra, hechos y estampa. Su rostro, su voz pausada, se conjugaban en una simetría casi sagrada, que le daba a su imagen un toque de divinidad, que hasta al más ateo y agnóstico de los catalanes, conmovía. Cuando la familia Tarradellas i Rius, decidieron pasar sus vacaciones de verano de 1999 en Bolivia, Evo Morales ya lideraba la lucha y protestas en reclamo por la recuperación plena por parte del Estado Boliviano del gas y otros recursos naturales, dados en concesión a empresas privadas, durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.
El Pau, ya había estado en Cuba y Venezuela ("Foro Social Mundial: Otro Mundo es Posible", Caracas, 2006), este año, 2007, el Pau, pretendía repetir aquella travesía por la zona tórrida. “Amb la colla del partit”, el Pau, preparaba un tour al continente bolivariano, que incluiría a países como Ecuador, Argentina y por supuesto Bolivia, también si el presupuesto así lo permitía, antes de cruzar el charco de nuevo, se darían su escapadita por el malecón de La Habana, donde el Pau, había estado y paseado de la mano de su primera novia, la Nùria. Por eso el olor a tierra mojada que dejaban las pequeñas tormentas de verano, siempre traían a la mente del Pau, el recuerdo de aquella primera vez con la Nùria en el Caribe. Desde entonces la conexión que sentía el Pau con el “Continente Prodigioso”, era también algo orgánico, que tenía que ver con la piel y lo instintivo, más allá del interés político, social e intelectual, que Latinoamérica despertara en él.